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ill titleHistoria

“DIOLO Y DOTOLO EL CAPITÁN DON GABRIEL DE UNSAIN –REGIDOR PERPETUO DE ESTA CIUDAD Y FAMILIAR DEL SANTO OFICIO DE LA INQUISICIÓN. AÑO 1.694”.


Esta inscripción figura en sendas chapitas de plata ornamentada en los cuatro frentes de la bella urna funeraria.
El libro “Las parroquias de Logroño”, del historiador logroñés don Ruperto Gómez de Segura, la describe de la siguiente manera:
“Es una caja prismática rectangular, de madera rica de ébano y chapada en concha en sus superficies planas, con molduras negras y aplicaciones de concha, flanqueada en las aristas verticales con columnillas salomónicas de capitel corintio en plata y terminadas en pedestalitos para jarritas con flores de plata también. En estos remates encaja la tapa de forma tumbada y todo el conjunto está cerrado por cristalería fina. Es la escultura del Cristo muerto, de las buenas de su tiempo por su modelado y pintura de encarnación. Todo es notable de proporción, buen gusto y riqueza”.
Conviene descubrir en primer lugar quién fue don Gabriel de Unsaín, el donante, y las razones que le movieron a dotar a su ciudad, Logroño, de tan magnífico Santo Sepulcro. Para ello, nos apoyamos en las investigaciones llevadas a cabo por don Fermín Labarga García.
DON GABRIEL DE UNSAÍN

Del matrimonio formado por José de Unsaín y María Ortíz de Cadalso nacerían hasta once vástagos, entre ellos don Gabriel, con toda probabilidad entre el cuatro y el cinco de abril de 1.644. Fue bautizado en la iglesia de San Bartolomé el día seis por el doctor Figueras y Montenegro, rector del templo, y actuaron de padrinos Juan de Soria, mercader, y su esposa Ana de Moreda.
Las posibilidades familiares eran resueltamente modestas, pero la condición de hidalguía les obligaba a abstenerse de los trabajos manuales y de todos los que pudieran suponer deshonra para su posición. Con este panorama, prácticamente sólo cabían dos salidas dignas: tomar religión o dedicarse a las armas.
Esto fue sin duda lo que en mayor medida alentó al joven Gabriel a marchar a las Indias en busca de una fortuna que le permitiera una existencia desahogada. Se decidió, pues, a ingresar en el ejército. Y así, animado con toda seguridad por los fabulosos relatos de soldados venidos del otro lado del océano, partió hacia la aventura de lo desconocido.
El año 1.682 trajo consigo la vuelta de Gabriel a su Logroño natal. Había conseguido su objetivo. Tras largos y azarosos años de milicia, aventura y peligros, volvía rico y convertido en Capitán de los Tercios de Su Majestad el rey de España. Su regreso fue comentario obligado en el pequeño Logroño de entonces, con apenas diez mil habitantes.
El día 25 de setiembre de 1.683 adquiere el título de “Regidor Perpetuo de la Ciudad” , algo similar al de los actuales concejales, con la salvedad, como su mismo nombre indica, de que era vitalicio y se consideraba en propiedad hasta el punto de poderse transmitir por herencia o ser vendido.
Además de este título, los documentos también nos señalan que era “Familiar de la Santa Inquisición del Reino de Navarra”. Cargo que, en aquel momento, implicaba más disfrutar de algunas prebendas que el oficio en sí. El capitán Unsaín con este título únicamente consiguió aumentar, más si cabe, su prestigio.
Pero sus negocios con ultramar le obligaban a trasladar su residencia a Sevilla, una populosa ciudad, se dice que la segunda mayor del mundo después de Londres, donde, gracias a la Casa de la Contratación, se concentra el mayor volumen de negocios de todo el orbe, y donde le sobreviene la muerte a finales de abril o primeros días de mayo del año 1.698. Don Gabriel fue enterrado en el convento Casa Grande de Nuestro Padre San Francisco, de la capital hispalense, vistiendo el hábito franciscano.
LA DONACION DEL SANTO SEPULCRO

Cuatro años antes de su fallecimiento, el día 20 de marzo de 1.694, ante el escribano don Matías de Legaria, se otorga la escritura de donación del Santo Sepulcro, la imagen de la Soledad y todos los demás efectos necesarios para llevar a cabo la función del Descendimiento
Por parte del donante, que se hallaba ausente de la ciudad, actúa su hermano don Blas, beneficiado de la iglesia de San Bartolomé, y por parte del Cabildo de la Insigne Colegial de la Redonda, su Deán, don Pedro Antonio Martínez del Barranco.
En este punto los documentos encontrados son explícitos: tanto el Libro de la Mesa Capitular, año 1.703, folio 94, como el “Libro perteneziente a los efectos de el Santo Sepulchro de esta Ynsigne Iglesia Colegial de Logroño. Año 1.758”, folio primero vuelto, señalan claramente como destinatario de la donación al entonces templo colegial de Santa María de la Redonda.
Por dicha escritura de donación nos es conocida la particular devoción de don Gabriel “en contemplar los dolorosos misterios de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, y en especial, el de su sepultura, amén de una entrañable gratitud hacia la Santísima Virgen y su Divino Hijo con cuya devoción y memoria ha conseguido repetidos favores de su Divina Misericordia, librándole de manifiestos peligros así en estos reinos como en los de Nueva España”.
En estos momentos, en Sevilla, donde vivía el donante, tenía lugar todos los años el día de Viernes Santo una solemne función del Descendimiento y Entierro del Señor, con tanta pompa y boato que era “la más solemne de cuantas se celebran en la Semana Santa y así es esperada y vista por toda la gente de la ciudad y fuera de ella”.
Esta misma función, “según se ejecuta en las ciudades principales de estos reinos”, quiso instituir en Logroño don Gabriel, “deseando que la dicha devoción como tan provechosa y espiritual se imprima en los corazones de todos los católicos y que en esta ciudad se hiciese el día de Viernes Santo particular función de pasos tan lastimosos”.
Para ello en su testamento, fechado el día 10 de abril, “estando enfermo de cuerpo y sano de voluntad”, ante el escribano don Sebastián de Santa María, del número de los de Sevilla, nada escatimó para llevar a efecto su piadoso propósito y, tras solicitar hacer por su cuenta “a los más primorosos artífices de estos reinos, los cuales y cada uno de ellos han ejecutado todo con el primor que ha podido ser dable en que ha tenido de costa todo ello muy crecida suma”, deja quinientos ducados, “de los cuales trescientos se impondrán en las mejores fincas, para que con sus frutos o rentas se sufraguen los gastos. Los otros doscientos ducados se emplearán en fabricar o componer la capilla-nicho y altar en que se ha de colocar el Santo Sepulcro. Para su guarda y custodia se ha de poner una reja con una cerradura de dos llaves diversas, una de las cuales ha de tener el Cabildo y la otra el dicho don Gabriel de Unsaín o su hermano Blas”.
Asimismo dejaba seiscientos ducados de plata “para que el dho don Blas de Unzaín (sic) mi hermano mande dorar una caxa que yo hize en la ciudad de Nájera por adentro y por afuera para guarda y custodia de la Caxa principal del Santo Sepulcro de nuestro Redemptor Jesucristo la qual yo dí a la Yglesia Colegial de la dha ciudad de Logroño por la especial devoción que siempre he tenido y tengo a este misterio”.
Tal urna o vitrina, que actuó prácticamente de retablo, estuvo instalada tanto en el trascoro como en la sacristía vieja de La Redonda, fue realizada en el mismo año 1.694 en los talleres del najerino Francisco de la Cueva.
Para realizar la función del Descendimiento “hace entrega de una hechura de la Santa Cruz y tornillos necesarios para poner en forma de crucificación el Soberano Cuerpo de Jesús, varias almohadillas de terciopelo negro, un manto de añascote para la Soledad y unas andas de pino para llevarlas en procesión, ocho muletas con sus hierros y encaje para llevar a hombros con ocho almohadillas, y también dos escalas que sirvan para el descendimiento y un tablado para que con más cómodamente se ejecute”.
Hace ya más de ciento cincuenta años que dicha función no se lleva a cabo